Editorial
Por Frente Estudiantil Diana Maidanik
No enmarquemos el pasado y lo dejemos reposar en la mesa de noche, no colguemos lo sucedido en las paredes aún derruidas del presente, no tapemos con los muertos aquellas manchas de humedad, no hagamos de la lucha un objeto de contemplación, no le llevemos flores al antiimperialismo en su cajón sesentista, no enterremos solemnes las banderas, no miremos inexpresivos las consignas, no veamos ajenos aquellos sueños, aquellos vientos pamperos de cambio. Aquel mundo, que es el nuestro, nuestro mundo, hoy también castigado por la injusticia, por la guerra, por el hambre, por la miseria. La memoria no es inerte, no es inocua, no es insulsa ni incolora. La memoria es altamente subversiva.
Un nuevo Día de los Mártires Estudiantiles. El 14 de agosto de 1968 murió Liber Arce, estudiante universitario, baleado por la policía en una manifestación realizada dos días antes en las inmediaciones de la Facultad de Veterinaria. Apenas un mes más tarde, Susana Pintos y Hugo de los Santos fueron asesinados en otra manifestación estudiantil. Inauguraron, así, la larga lista de mártires de nuestro movimiento estudiantil a la que se le sumaron Hebert, Santiago, Íbero, Manuel, Julio, Walter, Joaquín, Ramón y Nibia.
Fue en aquella década del 60, en un contexto de crisis económica que profundizó las desigualdades, fue en un contexto de escalada represiva que hizo del 68 un año bisagra cuando la represión estatal contra el estudiantado organizado se intensificó mediante la aplicación reiterada de las Medidas Prontas de Seguridad. Se instaló un discurso oficial que criminalizó a la juventud militante al tiempo que asentó las bases institucionales para la instauración de una lógica de enfrentamiento interno, que devino en el surgimiento de grupos paramilitares —que actuaron bajo la tolerancia de las fuerzas de seguridad— para asesinar en el 72, por tan solo citar un ejemplo, a Ibero Gutiérrez.
Hay quienes insisten en presentar la dictadura como el resultado de una confrontación entre dos extremos equivalentes, diluyendo las responsabilidades de quienes planificaron el terrorismo de Estado para defender un determinado modelo económico y social, planificación que excedió las fronteras nacionales y tuvo detrás la determinación del imperialismo y su plan para América Latina, una región que por aquellos años se levantaba dispuesta a construir su propia historia y conquistar su verdadera independencia.
Fue bajo la venia del imperialismo norteamericano para consolidar el predominio hegemónico del capital, en tiempos de Guerra Fría, que emergieron en toda América Latina gobiernos infames. Los años siguientes fueron duros. La dictadura se llevó puesto un acumulado de organización, de alianzas, de consensos en torno a un programa popular de avanzada que tenía un arraigo inusitado en nuestro pueblo. El no pago de la deuda; la nacionalización de la banca y el comercio exterior; la reforma agraria; la defensa de la soberanía nacional y de la industria fueron las banderas que, en amplios acuerdos, nuestro pueblo sostuvo para impulsar verdaderos cambios estructurales.
No reduzcamos su lucha a una breve oración, repetida cual mantra: luchaban por el boleto estudiantil. Sí, y no. Luchaban por la revolución, conscientes de que una educación realmente liberadora solo sería posible en la medida en que el pueblo tomase para sí mismo el poder político. A sabiendas de que el ansiado objetivo de eliminar las fronteras entre el trabajo intelectual y el manual, así como el de combatir las estructuras elitistas que bloquean el ingreso de las grandes masas explotadas al sistema educativo, solamente puede lograrse, en plenitud, bajo la sociedad socialisita.
A la luz de la flamante revolución cubana, faro para los pueblos de toda América Latina, se impuso como deber el internacionalismo y el antiimperialismo. Fidel —que en este mes de agosto cumpliría 100 años—, dejó grabado a fuego que la obligación de todo revolucionario es hacer la revolución. Con su ejemplo se formaron miles de valiosos militantes que comprendían con lucidez que las demandas inmediatas, como la defensa del boleto estudiantil o del presupuesto para la educación pública, estaban indisolublemente ligadas a la transformación radical de las estructuras económicas y políticas del país.
Una generación de avanzada que la dictadura se encargó de socavar a fuerza de balas, porras y picanas para consolidar las bases de un modelo económico que los sucesivos gobiernos arrastran hasta nuestros días. La dictadura incrementó la deuda externa, bajó el poder de compra de las familias trabajadoras, le quitó el aguinaldo a los jubilados, liberalizó la actividad financiera y aumentó la tasa de ganancia del capital, concentrando aún más la riqueza y aumentando la desigualdad.
Por otro lado, y quizá aún más dañino para el desarrollo de las fuerzas acumuladas por nuestro pueblo durante las décadas anteriores fue el hecho de que la dictadura truncara ese proyecto emancipador que supo reunir a decenas de miles de compatriotas en torno a un programa transformador. La censura, que coartó la difusión de ideas críticas, se llevó puesta radios, diarios, periódicos y revistas.
Vaya si es importante la tarea de sostener un espacio de reflexión que no esté divorciado de la historia y de nuestro tiempo; un espacio de escritura y de diálogo para conocer la realidad, estudiar la realidad y transformar la realidad. En síntesis, un espacio de crítica, de creación y de compromiso con las necesidades de nuestro pueblo.
Apuntando cumple un año de existencia. En aquella primera edición nos presentábamos con la intención de iniciar un camino de denuncia contra todas esas carencias de nuestro sistema de enseñanza en todos los niveles, carencias que encuentran su origen en el modelo económico vigente. Un modelo que se arrastra desde hace años y que se profundiza más allá de los sucesivos gobiernos, un modelo agotado; un modelo que no proporciona empleo genuino y de calidad; un modelo que desmantela la industria nacional; que expulsa a familias del campo, que concentra la tierra y la riqueza, y que engrosa día a día los cinturones de miseria de las capitales departamentales, donde no acceden los servicios básicos, donde la miseria corroe material y moralmente a miles de compatriotas.
Un año de Apuntando, para traer al debate público del estudiantado estos y otros temas, apuntando —como ya lo dijimos en aquella primera edición y repetimos en esta sexta— a un movimiento estudiantil que discuta y polemice, que construya y se realice vastamente a través del arte, del cine, la literatura, la escritura y, por supuesto, la lucha.
En esta Rendición de Cuentas, la enseñanza pública sigue sin ser prioridad para el gobierno. Se prioriza la confianza de los mercados, se apunta únicamente y desde hace años a la inversión extranjera, antes que a la consolidación de un proyecto soberano, que aporte verdaderas oportunidades a nuestro pueblo.
El gobierno pretende maquillar la realidad con transferencias directas que están lejos de solucionar los problemas de fondo. Estas transferencias que, según nos dicen, reducirían la «pobreza infantil», no son más que un remedio anodino para mitigar los impactos de este modelo que caracterizamos hasta el hartazgo. Las ilusiones reformistas y revisionistas están en franco declive. ¿Qué rol jugamos en este panorama?, ¿qué papel cumplimos en este momento histórico como estudiantes organizados?
Nuestra mirada no se agota en el horizonte local: mantenemos firme nuestro carácter internacionalista y antiimperialista, alzando la voz contra el genocidio en Gaza y la complicidad de los centros de poder mundial. Uruguay, Latinoamérica y el mundo entero encuentran ante sí problemas de la misma naturaleza. En estas páginas han quedado también plasmadas, en la voz de distintos estudiantes, estas cuestiones.
Como saben, somos un grupo de estudiantes que de manera bimensual llevamos adelante este proyecto. Disponibilizamos, a través de nuestra página web, todos los artículos que publicamos. Artículos escritos por estudiantes y para estudiantes que deciden de manera generosa escribir para la revista con el fin de contribuir a un debate necesario.
Un año de Apuntando y aún encontramos motivaciones para seguir escribiendo. Hay cosas que nos alegran. En este año dimos un paso al constituirnos como Frente Estudiantil Diana Maidanik; lanzamos esta revista —que ya va por su sexta edición, y sigue sumando lectores y colaboradores—. Además, abrimos nuevos espacios de encuentro, como el Cineclub Ibero Gutiérrez, que sigue creciendo ciclo a ciclo. Nada de esto hubiera sido posible sin el aporte, el tiempo y el compromiso militante de quienes escriben, editan, difunden y sostienen este proyecto político estudiantil. A todas y todos, nuestro abrazo y agradecimiento.
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